jueves, 26 de mayo de 2011

Capítulo X

-Hooola- se anunció en la oscuridad del living. Qué raro, ¿Dónde se metió este viejo?- Escuchó risas de mujer que venían desde el patio cubierto y pensó inmediatamente, esa no puede ser mi abuela...
En el jardín techado, sentados en en los sillones de hierro con almohadones a rayas azules, estaban su abuelo y la vecinita de al lado charlando animadamente..
-Hola- interrumpió Gastón parado ridículamente en el medio del patio, con la mochila puesta.
-Hola hijo- lo saludó su abuelo con notable simpatía.-Te acordarás de mi nieto...- dijo con tono embelesado.
-Claro, ¿Cómo andás nene?- la mujer se levantó de inmediato. Gastón saludó mecánicamente, estaba pasmado por la sorpresa. ¿Qué hace esta mujer acá?, pensó para si mismo. Sobre la mesa había un moscato con unos palitos salados, restos de queso y un cenicero con colillas de Virginia Slims.
-¿No tienen frío acá?- fue lo único que se le ocurrió decir.
-¡Es lo que le digo a esta muchacha! Pero ella insiste en que no le gusta fumar adentro de las casas. ¡Por dios! En mi tiempo podías fumar al lado de un recién nacido que no pasaba nada, era más fuerte la gente, viejo...- dijo el abuelo yéndose de pista como siempre.
-¡Ay, si no es problema! Además está preciosa la noche- contestó la mujer y cruzó una mirada eléctrica con el abuelo. -¿No querés tomar algo?- le preguntó amable.
-Nooo, gracias, me encantaría. Te venía a avisar abuelo que me voy a la casa de Hernán a cenar- dijo comprendiéndolo todo en un segundo.
-¿Viniste hasta acá a decirme que te vas?- le preguntó brusco el viejo.
-Bueno... dejálo, encima que te avisa.- intervino la vecina con tono simpático.
-Un gusto de nuevo señora, nos estamos viendo- se despidió educado Gastón.
-Voy a buscar hielo. Esto caliente te hace doler la cabeza- adelantó el abuelo siguiendo a Gastón a la cocina.
-¿Qué guardás ahí?- preguntó el abuelo esperando su turno al lado de la heladera, mientras Gastón descargaba las provisiones en el estante del congelador vacio.
-Te traigo refuerzos, por las dudas...- contestó con una media sonrisa.
-No me cargués pendejo- dijo, esquivando la mirada y descargando la cubetera en un tupper rojo. -No llegués tarde, después de la cena en lo de Hernan, que mañana tenés que laburar...- dijo y soltó una risita socarrona.
-Voy tratar. Vos cuidate viejo, mirá que ya no sos un pendejo y en el patio hay una corriente de aire...- se despidió Gastón cerrando la puerta tras de si para no escuchar la puteada del abuelo.

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