Gastón tenía una reunión con su jefe, a las 15.30, en la oficina comercial de Varela. Ya eran las cuatro de la tarde, y del jefe ni noticias. Se puso a matar el tiempo, mirando series americanas en youtobe. Le gustaba los dialogos de "Seinfeld". Pero su serie preferida eran "Los Simpson", fundamentalmente los primeros capítulos. Donde la linea del dibujo es más deforme y grotesca, y Homero era más salvaje e incorrecto. No así las últimas temporadas.
Se abrió la puerta y entró por el hall central Claudio, que cargado de carpetas, transpiraba y avanzaba casi arrastrándose.
-Prefiero ganar dos lucas menos, pero no tener hipertensión, stress y colesterol alto- le dijo Gastón jocoso a su jefe, ayudándolo con las carpetas….
El jefe lo miró severo, pero después se río sin poderse contener.
- ¡Qué bien que estés de buen humor! Porque tengo que decirte algunas cosas que no son agradables- le contestó sarcástico.
–No te preocupes, no esperaba tampoco un ascenso- le retrucó Gastón, que para ser irónico tenía la escuela de su abuelo. – Dejá las carpetas en recepción, y venite en diez minutos a mi oficina- le ordenó su jefe. Claudio no era un hipócrita, y esto no era poco para un jefe "Prefiero un hijo de puta a un hipócrita" le había dicho una vez un amigo. Afirmación con la cual, Gastón estaba absolutamente de acuerdo. Sin lugar a dudas, era preferible saber con quien se trataba, aunque fuese el peor asesino, y no convivir con alguien que te dice que te quiere, que quiere tener hijos con vos, y de un día para otro te fulmina con una frase como "necesito aire" o " la nuestra es una relación estéril" Ya no tenía sentido seguir dando vueltas sobre eso, se dijo a si mismo y se dirigió a la oficina del jefe.
-Bueno Gastoncito, a ver que tenemos aquí- Claudio miraba la pantalla de la laptop y con su mano derecha se rascaba la pera. Gastón se mostraba impasible. Ese tipo de reuniones ya no lo asustaban. Era una revisión de los resultados del trimestre.
-Sobre el pucho remontaste un poco- le dijo el jefe y continuó: -Te salvo Cristo Rey de Rafael Calzada-
-Dios apreta pero no ahorca- respondió Gastón.
-Está bien, pero este trimestre tenés que vender mucho más- dijó enfático.
-Como si no quisiera Claudio, ¿O vos crees que no me gustaría ganar la totalidad de premio trimestral?-
-Bueno, entonces queremos lo mismo- reflexionó el jefe y continuó- Ahora con esta nueva zona que te adjudiqué vas a poder duplicar las ventas sin inconvenientes-
-Bueno, bueno, que ya sé que soy bueno pero tampoco te quiero desilusionar- Dijo Gastón abrumados por los objetivos.
-No es porque seas bueno o malo, cualquier ejecutivo de ventas debería poder alcanzar estos objetivos.- dijo Claudio y le alcanzó una hoja con las metas.
Gastón leyó desanimado la papeleta. -Está bien, voy a ser lo que pueda- concluyó Gastón sin darle importancia a sus palabras. Eran las seis de la tarde y para colmo estaba lejísimo de su casa. Tenía unas ganas enorme pegarse una ducha bien caliente.
-Una última cosita Claudio, para cerrar-Antes de retirarse,se acordó de algo de suma importancia para él.
-Si decime- le contestó el jefe que no despegaba la mirada de la máquina.
-Si yo cumplo con los objetivos, ¿Me aumentan el sueldo?- preguntó, y sin dejarle contestar le recordó: -Te acordas que ya lo habíamos hablado y me habías dado el okey-
-Me acuerdo, pero nunca te dije que si-
-Pero entonces como es, me dan una nueva zona, me suben el objetivo de ventas pero ustedes no mueven un dedo- dijo Gastón irritado.
-Yo no dije que si, pero tampoco dije que no. Lo que te puedo adelantar es que eso esta hablado con el gerente comercial y el se comprometió que lo iba a estudiar- le contestó mirándolo a los ojos.
-Bueno espero que no sea tardo en aprender- dijo Gastón destilando veneno, mientras se colgaba la mochila y se marchaba.
Agarró el 79 en la terminal, limpio y con olor a Poett. El calorcito de la gente y los baches de Pasco funcionaron como el mejor somnífero y casi se podría decir que no durmió: quedó inconciente. El viaje de Temperley a Monte Grande fue corto y casi no le dio tiempo a maldecir su suerte, antes de las nueve estaba en el almacén de la esquina comprando una bochita de mortadela y dos cervezas descartables bien heladas. Quería meterse en la cucha lo antes posible. Mirar el noticiero con el viejo, algún partido perdido...

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