jueves, 26 de mayo de 2011

Capítulo IV

A la mañana siguiente despertó con el sonido estridente de una radio AM. Eran más de las once de la mañana. Un día nefasto para Gastón, tenía que ir a buscar a la casa de su novia, -de su ex novia, mejor dicho- el DNI, unos libros y una pava que le había regalado su abuela. Se sentó semidormido en el comedor, el abuelo que sorbía lentamente de un mate vacío, lo interrogó:
-¿Vos viniste con un perro?-
Gastón lo miró incrédulo: -Me estás jodiendo-
-Yo un perro no quiero, te mea todo el jardín, hay que darle de comer, no me hinchen las pelotas, ya bastante tengo con tu abuela que se dio cuenta que se quería separar de mi, después de haber convivido ¡CINCUENTA Y CINCO AÑOS!-, el volumen de la voz del abuelo iba aumentando como un auto con el estéreo a fondo, que se iba acercando.
-Ja,ja- rió Gastón fatídicamente.- Pensá abuelo que es una decisión muy dificil, necesitaba su tiempo...-
-No ta hagas el pelotudo- Le gritó y continuó- El muerto se ríe del desgollado- Gastón sintió que le tiraban tierra en su fosa. El humor del viejo era despiadado.
Caminó hasta la estación de Monte Grande. Apurado, con las manos en los bolsillos. Se le había hecho tarde. Había arreglado con Natalia, que pasaba a buscar sus cosas, cerca del mediodía, pero ya eran casí las tres de la tarde. "Que importa, si total tengo las llaves del departamento" pensó, mientras veía como arrivaba el tren a la estación. Cruzó el semáforo en rojo, un gordo de un Renault nueve lo puteó de arriba a abajo. A zancadas subió las ecaleras, pero cuando llegó exhausto al andén, el tren cerraba sus puertas y se despedía lentamente, barriendo las hojas amarrillas que revoloteaban como mariposas sobre las vías.
Pateó el suelo y rezongó un largo rato. El próximo tren pasaba, con suerte, en treinta minutos. ¿Cómo era posible que nadie le haya aguantado la puerta? Juan Manuel, su mejor amigo, le había contado una anécdota rídícula una vez, en la que un perro le aguantaba la puerta del tren a su dueño. Un mendigo cojo, repleto de bártulos. Prendió un pucho y caminó dando vueltas a la plazoleta del andén. Leyó un afiche pegado en una pared, era de una central obrera que convocaba a plaza de mayo a celebrar el día del trabajador. Dibujó en su mente un graffiti: ¡Feliz día de los oprimidos!, una sonrisa amarga se escapó de su boca.
Viajó en el furgón de las bicis, recorrió con la vista el paisaje: semáforos, arroyos, pintadas que se superponían como los cuadros de una historieta.
Pensó en su relación con Natalia, con cierto dejo angustioso. "Necesito aire" le dijo ella. ¿Cómo me pudo haber dicho semejante pelotudez? Porqué la gente no dice las cosas tal cúal son, loco... ¿De dónde viene eso de inventar metáforas pedorras? Estaba muy quisquillosa últimamente, rara... Pero las cosas por su nombre, Naty... Daba vueltas a ese pensamiento como una calesita y cada vez sentía la sortija más lejos. Mejor no le digo nada y veo si está arrepentida, quizá simplemente estaba confundida. Últimamente estuve hecho un satélite, medio me lo merezco.¿Y si mejor dejó que ella hable? Tenía el estómago como un revuelto gramajo.
Llegó a plaza Miserere después de un trasbordo tumultuoso en el subte A. Salió a la superficie y lo sorprendió el cambio de tiempo. El sol en el centro se va temprano, pensó, y apuró un cigarrillo antes de entrar, para ordenar sus pensamientos.
-Gastón, ¿Qué hacés acá? Ya me iba, pensé que no venías, te mandé un mensaje- Natalia lo sorprendió de atrás, tocándole el hombro. Estaba preciosa, con una campera de florcitas, que no le conocía, y una bufanda rara enroscada al cuello, pero con la misma sonrisa burlona de siempre.
-Se me hizo tarde, Monte Grande queda lejos sabés- le contestó, arrepintiéndose de su tono de reproche. -Igual está bien, de última agarro las cosas y me voy, si estás apurada, tengo la llave no te preocupés- quería mostrarse tranquilo pero las palabras hervían en su boca.
-Está bien, subamos, no hay problema, te estaba esperando igualmente- Natalia parecía despreocupada y atenta. Insertó la llave más grande del llavero y empujó la puerta de vidrio con gesto exagerado. Gastón se sintió incómodo y violento. En el ascensor percibió el olor de su pelo, el champú con gusto a coco, los rulitos negros que se le formaban detrás de las orejas. Entraron al departamento y se sintió más tranquilo, todo estaba igual que antes, no había cambiado un almohadón de lugar.
-Está todo igual- dijo Gastón y miró a su alrededor perplejo.
-Si, no pude tocar nada sabés, todavía no caigo- contestó Natalia sin mirarlo. -Te vas a tener que buscar las cosas vos mismo sabés, yo no pude juntar nada, nada- se le quebró la voz y se metió rápido en la habitación. Gastón fue detrás, pero lo detuvo el portazo.
-Abrime Naty, lo que pase lo tenemos que hablar, lo vamos a resolver juntos, por favor- A través de la puerta le llegaban los sollozos entrecortados. Empujó la puerta y la tranca estaba puesta.
-Abrí Natalia, abrí por favor- Gastón no quería levantar la voz pero estaba cada vez más enojado, todas esas volteretas a las cuales últimamente su novia lo tenía acostumbrado, lo habían hartado. Deprimido, comenzó a juntar las cosas. Buscó una bolsa. No sabía bien que hacer. Hablaba sólo y resoplaba, mientras ponía un jean, unas remeras en su mochila. Lo hacía automáticamente, su mente nadaba en una laguna con neblina. Se dirigió a la cocina y empezó a monologar en voz alta: "La gente tiene que hablar sin tapujos, yo puedo entender absolutamente todo, hasta lo más inesperado, pero no me cabe en la puta cabeza los eufemismos como: "Necesito aire". Compramos un tubo de oxígeno, yo que sé, que me estás queriendo decir. Que soy un pesado, una persona absorvente como un secante. Si ya no me querés más, es algo tan natural. No vamos a ser la primer pareja que se separa, -¿Querés un perro?- preguntó Gastón envenenado. Al no escuchar ninguna respuesta de Natalia se desesperó aun más. Revoleó la pava contra la puerta y gritó:
-¡Cuando tengas ganas de afrontar la realidad me hablás, estamos! Te dejo la pava, tampoco te voy a dejar sin tomar un mate- Escuchó movimientos en la habitación.
-Me voy Naty, hablamos en otro momento- esto último lo dijo con miedo de derrumbarse. Sin embargo, salió del departamento como un zombie y mientras agarraba Rivadavia para el bajo, con el viento gélido en la cara, se le desparramaron todos los recuerdos que venía evitando desde hacía quince días. Caminó rápido con un nudo en la garganta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario