jueves, 26 de mayo de 2011

Capítulo II

El abuelo Jorge se levantó despacio al escuchar el tercer timbrazo, alcanzó las chinelas que habían quedado muy atrás, debajo de la silla, con las puntas de los dedos. Con paso cancino cruzó la habitación. A través de la mirilla pudo ver la incipiente pelada castaño oscuro de su nieto.
-¿Gastón, sos vos?- dijo con voz cascada.
-Abrí abuelo, dale que me estoy meando-
-Pará, que no tengo la llave, que se yo donde está... ¿Vos no tenés llave?-
-No, no tengo abuelo, no me la diste, bah me la diste, pero me la pediste la otra vez porque la habías perdido. ¡Dale que me estoy meando!-
-Esperá, ahí voy, soy una persona grande, sabés, si me caigo y me rompo la cadera vamos a ver quien me cuida, de toda esa manga de ladrones que lo único que sirven es para hincharme las pelotas- La voz del viejo sonaba atronadora en la habitación casi vacía: una mesa, dos sillas y un mueblecito con dos puertas y dos cajones; uno de ellos estaba ahora volcado sobre la mesa y allí los dedos finos y blancos del abuelo se movían como si fuera un artesano de las cosas perdidas.
-Bueh abuelo me voy a la mierda si no me abrís, en serio- Gastón volvía de la vereda subiéndose la bragueta, apoyó la mochila al lado de la puerta.
-Ahi voy, ya la encontré- le contestó el abuelo desentrañando un llavero del mundial 78 de adentro de una billetera raída. Giró la llave y la luz anaranjada del atardecer sacudió la habitación.
-Al fin...-Gastón entró y se desplomó en la primer silla. ¿Cómo hacés para salir siempre? Mejor que no se te incendie la casa porque te morís...-
-¡Qué me importa! Que se incendie todo y yo me voy a la...-el abuelo no terminó la frase y se quedó en el marco de la puerta, que daba a la cocina, mirando fijamente a su nieto.
-¿Qué hacés acá vos Gastón? ¿Te vas a quedar hoy también?- preguntó con tono amable.
-Si abuelo. Hablé con Natalia, quiere que nos tomemos un tiempo, que se yo, vamos a ver...- Gastón se había sacado las zapatillas y las medias.
-No quiero mugre, levantá todo eso, señaló el anciano y se fue para la cocina.
-¿Vas a comer?- preguntó el abuelo.
-Si, traje unos churrascos de cuadril del Coto-
-Bueno dale yo lo quiero bien jugoso- contestó el viejo con tono burlón y se fue para el galponcito del fondo.
Ni siquiera hay cable acá, Gastón se estiró en la vieja mecedora alternando con el control remoto entre telefé y canal trece, américa se veía mal.-
Le sonó el celular, era un mensaje de texto de Hernán:
-Hoy fiesta en lo de Titi, traete unas cervezas-
-¡Ke bien!- le respondió.
Se fue reclinando de a poco. Era la hora de los noticieros, la sentenciosa vocecita de María Laura Santillán de fondo, sonaba como el zumbido de mosca adentro de una campana de vidrio.

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