jueves, 26 de mayo de 2011

Capítulo I

Un tremendo calor circulaba por el colectivo 51, ramal Cañuelas. Gastón cambió de mano la pila de dípticos de la compañía de celulares Nextel, con la izquierda depositó de a una las monedas de diez centavos, hasta llegar a los dos pesos necesarios que lo llevarían hasta Llavallol. El chofer se desesperó un poco, la cola era interminable, Gastón cambió el peso del cuerpo apoyándose en la máquina expendedora y agradeció tener el volumen de la radio tan fuerte como para pulverizar las puteadas... Pudo conseguir un asiento atrás, recién llegando a Lomas. Acomodó la mochila como pudo entre las piernas. El sol de fines de abril y el vaivén del colectivo lo fueron adormeciendo. Una serie de imágenes oníricas se sucedían en su amable somnolencia: su perra Bicha; la única mascota que había querido en su vida, la camiseta granate; estandarte que colgaba en la pared de su pieza, una cama angosta con un colchón que se amoldaba a su cuerpo, las rodillas peladas de jugar a la pelota. Se apilaban al costado de su conciencia, como un montoncito de hojas secas...
Se bajó a la altura de la barrera y caminó por una calle angosta, paralela a la vías, hasta llegar a la recepción de una pequeña fábrica de plásticos, se anunció solemnemente en una garita de vidrios polarizados.
-Buenos días. ¿Se encuentra el señor Pablo Ávila? De parte de Gastón Galliano de Nextel, teniámos una cita a las 11...- se presentó con tono convincente. En las últimas semanas su trabajo consistía, básicamente, en trasladarse en colectivos de línea un promedio de 50 km. por día, sin lograr el mínimo del premio para los ejecutivos de venta, de la empresa Patané y asociados; Representante Oficial de Nextel Argentina. En el cual Gastón ocupaba el, no muy disputado, puesto de Ejecutivo de Ventas Junior, a pesar de sus 31 años. "No hay una moneda en la calle, ni en la alcantarilla mas honda y nauseabunda...", pensó Gastón mientras esperaba a ese tal señor Pablo, quién resultó ser un chico de 25 años, que lo atendió en un mostrador que operaba de oficina improvisada.
-¿Vos sos el que vendés los blackberrys, no?- soltó el chico sin preámbulos
- Encantado- lo saludó Gastón con un fuerte apretón de manos- Yo te ofrezco un servicio de comunicación inmediata. Te explicó rapidamente-enfatizó Gastón al ver al joven un poco disperso- el sistema es Nextel, equipos de radio. La gran ventaja que tiene es que se puede conocer la ubicación geográfica de los equipos Nextel y trazar un mapa en la web con todos sus movimientos. Esta aplicación te permite monitorear desde la PC el movimiento de la fuerza de ventas o logística en la vía pública-largó Gastón sin perder la sonrisa, aunque cada vez que repetía el speech, se sentía más miserable..
-Claro, igual acá todos trabajamos adentro prácticamente, no sé si es lo que buscamos- contestó el chico con tono canchero, sacando un cigarrillo de un paquete de Luky Strike box.-¿Fumás?- le acercó el paquete. -¡Qué calor no! Acá hay aire, pero afuera debe estar insoportable...-dijo el joven mirando por la ventana.
-Ya te había comentado por teléfono que ofrecíamos equipos Nextel- le dijo Gastón con un tono severo.
-No recuerdo muy bien, pero por ahora no, cualquier cosa te llamamos- dijo el joven mirando su reloj y se marchó impaciente.
Gastón se fue sin más, con las manos vacías y un ardor acrecentándose en la boca del estómago.

No hay comentarios:

Publicar un comentario